| En la tarde del 29 de junio de 2002, nos reunimos en la casa con mis hijos y nietos para disfrutar una deliciosa cena. Después de comer, todos se sentaron a mirar televisión mientras yo ponía en orden la cocina. Francisco fue a darse una ducha ya que pensaba reunirse con sus amigos. En esos dias estaba reuniéndose con ellos para despedirse ya que en unas semanas se iría para su entrenamiento en la Fuerza Naval de los Estados Unidos. Estaba tan orgulloso de sus logros, de haber logrado pasar el examen de ingreso, y tenía un mar de sueños y metas que quería lograr. Hacía unas semanas se había graduado de escuela superior, y habiendo estado en el programa de ROTC de la escuela, su meta era seguir una carrera militar, y hacía ello se dirigía. Esa noche, después de ponerse todo guapo y perfumado, me pidió algún dinero para salir a reunirse con sus amigos. Había tenido un situacion con su novia y esa noche no se verian, de manera que le dí algo de dinero. Se despidió de todos, su hermano, su cuñada, sus sobrinos, mi esposo, y yo seguí con él afuera a despedirlo, como era mi costumbre. Salimos, nos despedimos y se dirigió a su auto. Luego de estar ya adentro, volvió a mi, me dió un abrazo, un beso en la frente, me pidió la bendición y me dijo: “te quiero mucho Mama”, yo le contesté, “yo te adoro mi amor, Dios te bendiga”. Así salió en su auto tocando bocina por toda la calle, con su brazo afuera diciéndome “Adios”. Allí me quedé hasta que lo perdí de vista. Lo que pasó después es tan triste, tan doloroso, que aún habiendo pasado tanto tiempo, todavía siento que fue ayer. Fue el ver a mi hijo en aquella cama, conectado a máquinas, respirando artificialmente, sin poder sentir sus caricias, sus abrazos, sin poder ver su sonrisa, su mirada. Sentí que perdia el conocimiento, que aquel dolor no lo iba a resistir, y solo pude decirle, “aquí esta Mamá”, me sacaron del cuarto para moverlo a la sala de cuidados intensivos. Fueron muchas las horas de espera, muchas las horas de incertidumbre por no saber, o entender lo que estaba pasando; y todavia sigo sin entender. Se acercó un médico que nos informó que Francisco tenía muerte cerebral y que nada podian hacer por él. Eso no podia ser, yo lo veía respirar, pero era porque estaba conectado a unas máquinas que lo hacia artificialmente. Tenía dos alternativas; desconectarle las máquinas o, donar sus órganos; optamos por la segunda. Nos explicaron el procedimiento, y en medio de mi dolor, entendí que así tenía que ser. En primer lugar, porque sé que eso era lo que mi Francisco hubiera querido, de alguna manera tan dolorosa para nosotros, ayudar a otras personas a tener una mejor calidad de vida, y en segundo lugar porque para mi era sentir que a él se lo llevaban a hacerle una operación. Sé que no hubiera resistido verlo morir entre mis brazos, y así he podido lidiar con este sufrimiento. En la investigación del accidente se descubrió que Francisco había acompañado a un amigo (si es que se le puede llamar amigo), a dar una vuelta por los alrededores en una motocicleta de otra persona que había llegado al lugar donde estaban reunidos. El supuesto amigo estaba bajo lo efectos de drogas y alcohol y nadie se quizo arriesgar a acompañarlo, solo mi Francisco. Perdieron el control y en el accidente mi hijo salió disparado y murió instantaneamente, el otro muchacho resultó herido, sobrevivió. No pudieron encontrar un testigo que confirmara quien manejaba y quien era el pasajero al momento del accidente, aunque todos sabemos, incluyendo a la policia, que Francisco era el pasajero, pero no se pudo probar, por tal razón el caso fue cerrado. Llevamos el caso civil a los tribunales y en el mismo, el muchacho (el supuesto amigo), se acogió a la quinta enmienda y ni siquiera recordaba conocer a Francisco. Estas son las leyes de este pais y no hay otras alternativas, especialmente cuando no se tienen los recursos económicos para seguir adelante. Mi FE me ha llevado a pensar que en algún momento este supuesto amigo tendrá que rendirle cuentas a los tribunales celestiales, y para entonces no podrá tener el apoyo de sus padres para que lo saquen del problema. El sabe, todos los que estaban allí saben, la policia sabe, y yo sé lo que pasó, por lo que en algún momento la verdad saldrá a la luz. La autopcia reveló que mi hijo no tenía ni una sola gota de alcohol o drogas en su cuerpo, sus órganos fueron donados y pudo salvarle la vida a seis personas, que hoy en día estan disfrutando de una mejor calidad de vida, eso de alguna manera me da satisfacción porque siento que mi hijo sigue vivo en el cuerpo de otras personas. Todo lo que tengo son los recuerdos, esos que me mantienen respirando, que en momentos me devuelven una sonrisa, y la mayoria de las veces, me hacen llorar. Sé que mi hijo está en un lugar especial, en un lugar hermoso, donde nada ni nadie pueden hacerle daño y desde donde está, nos protege, nos cuida, nos regala esa sensación de que algún dia volveremos a estar juntos como lo estuvimos en este mundo y solo entonces podré tener paz y tranquilidad. Mientras tanto, aquí estoy, viviendo un dia detrás del otro, por mi otro hijo, por mis nietos, por mi esposo, por las personas que se preocupan por mi, y por y para Francisco, porque sé que todo tiene una razón, un motivo, y aunque no pueda entenderlo completamente, este es mi destino, nuestro detino, y tengo que tener la fortaleza y sabiduria para encontrar las herramientas que me ayuden a continuar, una veces con una sonrisa, otras con lagrimas en mis ojos. Me siento bendecida porque tuve la dicha de ser la madre de un ser tan especial como lo fue Francisco, que me regalo el amor mas grande, el mas hermoso, el mas sincero, de todos los amores, porque el amor de y hacia los hijos, es mi mayor tesoro, y eso nada ni nadie lo podrá arrancar de mi. Aquí estoy, hijo querido, manteniendo tu recuerdo vivo en mi corazon y en el de las personas que te conocieron y para los que eres una inspiración. Siempre estas y estarás presente en la vida de tu hermano, sobrinos y en la mia, hasta que llegue mi turno para cruzar al otro lado.
Dios te bendiga, Mamá
  

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